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jueves, 11 de septiembre de 2025

SERIE EL BOSQUE. NUEVAS IMAGENES 11 SEPTIEMBRE 2025

 En la búsqueda continua de nuevas vias de expresión, que es lo que nos caracteriza a los artistas y nos diferencia un poco de los artesanos, que buscan la perfección en el dominio de la técnica a través de la repetición más que el perpetuo, a veces humillante, siempre excitante, desafío de lo desconocido, la atracción de lo nuevo, he experimentado con técnicas míxtas de trasferencia de pigmentos e impresión vegetal usando las hojas como moldes. 

Seguirán más muestrás. Es muy divertido, y el resultado, sobrecogedor.







 

miércoles, 13 de agosto de 2025

  

EL BOSQUE SECRETO 


Cuando era niño tenía algunos libros de tapa dura y tamaño grande. Todo en ellos era grande, las imagenes, de página entera o a veces doble, la letra, del tipo Time Roman (entonces no sabía cómo se llamaba). Eran libros pesados, no podía acarrear más de dos o tres a la vez. Eran los típicos libros que podía sostener en mis rodillas en esas eternas sesiones de WC entre ponerme, hacer y quedarme ahí hasta que decidía irme a por otra cosa. 

Uno de esos libros se llamaba El bosque secreto. Guardo un recuerdo difuso, y quizá lo confundo con el de las fábulas de La Fontaine, o de Esopo, otros de mis grandes libros con sus imágenes pintadas a mano, no con inteligencia artificial. Imágenes duras, europeas, no edulcoradas o infantilizadas, censuradas o manipualdas, imágenes  que daban miedo, no solo por la gestualidad agresiva con que habían sido pintados los animales protagonistas, sino por sus miradas depredadoras hacia sus víctimas o compañeros de escena, o peor aún, hacia los tiernos espectadores.

He paseado por muchos bosques, tanto de día como de noche, a pie, o en burro, en verano y en invierno, con frío, con sed o agotado. La naturaleza del bosque parece más previsible que la del mar, más evidente, y sin embargo puede ser igual de peligrosa, tan bella y cambiante. Los árboles y arbustos, las densidades del follaje, las sombras, las peñas, las grietas, cuevas, las huellas, los incendios, los rayos, los animales salvajes, animales que no están para contart historias y si alguna moraleja quieren recordarte, quizás sea tu última, la que hubieras debido recodar sin su ayuda, y que hubiera podido salvarte la vida, ahora, cuando ya es demasiado tarde. 

En la poética del bosque me sumerjo ahora usando técnicas de trasferencia vegetal e impresión primitiva, entre la pintura y la cocina, nada más apropiado para mí, pues ambas me fascinan.











miércoles, 11 de diciembre de 2024

 




COOK OR DIE, the english version of EL ÚLTIMO CANAPÉ, LA COCINA O LA VIDA, from Lux Lumière, is coming. 

Lux Lumière is looking into sharing her book with the English reading audience. A translation is therefore in process. 

Here a highlight of one of his main characters's manifesto: 

‘Chefs are artists with a stopwatch. Ingredients are living beings that begin to decompose the moment they cross the kitchen door, or even before if we bought wrongly. You have to use them at the right time. Too early is bad, too late, disastrous. Mistakes are costly. If you let an opened can of caviar spoil, you’re out. Recipes are musical creations, they have tempos, their full, half, quarter, eighth, and sixteenth notes. Full notes for marinated items; Half notes for soups, stews, boiled dishes, cakes; quarter notes for vegetables and grilling, for steaming and pastas, for rice; eighth notes for meat, for frying, and omelettes; sixteenth notes for sautéed seafood, for salads. Customers have expectations of rhythm. Their stomachs can’t tolerate a bite being delayed more than fifteen or twenty minutes, or the digestion of the previous dish begins, and they lose interest or enter a hungry aggression. There must be a tick-tock inside each chef, just as there’s a metronome inside every musician. And that rhythm is either within you, or it’s not. Because entering a kitchen without a metronome is like playing in an orchestra without a score, an infinite and unnecessary risk. And here, the conductor of the concert, the first violin, the soloist, and the one who sets the note that everyone tunes their instruments to, is me, Scarpatti’.


jueves, 28 de noviembre de 2024

EL ÚLTIMO CANAPÉ

 Lux Lumière sale a la luz con el título El último canapé, tras una labor de investigación toxicológica de una década que pone al servicio de la ficción para sorprendernos con una historia de destino en la que los protagonistas al igual que en las tragedias griegas deben debatirse entre la moral individual y la colectiva, entre la posibilidad de vivir ignorando la llamada de una misión trascendental o someterse a un camino fatal e ineludible. La novela aborda el mito del doble, personalizado por dos gemelos, una mujer y la otra transgénero, una chef de cocina, la otra médico que abandonará su profesión para seguir los pasos de su hermana desaparecida y descubrir que no la conoció en absoluto. El mundo de la alta cocina creativa es llevado a extremos de performance donde el ingrediente más importante será la supervivencia. El chef de la meca de la cocina mundial encarna la soberbia y la vanidad en estado puro, mientras vive con una cuenta atrás que suena como un reloj en su cabeza. La trama progresa hacia una serie de finales abiertos con un paisaje de fondo en el que vemos figuras, víctimas y verdugos, de toda clase y condición, mientras una inspectora de policía, protagonista de otras novelas de Lux Lumière inéditas, tratará de llevar a la justicia colectiva a aquellos que la han repudiado y aplican la justicia individual a una serie de criminales. 

Podéis acceder al libro en formato digital en Lulu.com


https://www.lulu.com/shop/lux-lumi%C3%A8re/la-cocina-o-la-vida-el-%C3%BAltimo-canap%C3%A9/ebook/product-2mjkzpw.html?page=1&pageSize=4


También accesible en Amazon Kindle en formato ebook y tapa blanda

https://www.amazon.com/gp/f.html?C=2YZ91DPTDXIF1&K=3TC5JW85XPWOB&M=urn:rtn:msg:2024121102550130e1b4d40c124546a7399bfe8690p0na&R=1FSR1OKTZWI66&T=C&U=https%3A%2F%2Fwww.amazon.com%2Fauthor%2Fluxlumiere%3Fref_%3Dpe_2466670_811284380&H=EDEXCTAUTWZFHLKQUBCBJNN96ASA&ref_=pe_2466670_811284380




martes, 8 de octubre de 2019

NOTICIAS DE AMANTE EN SAIGON

Queridos lectores y amigos,

A partir de ahora AMANTE EN SAIGON puede comprarse en una dirección nueva. Es la misma editorial que ha cambiado de nombre. La editorial mundopalabras ahora se llama RUBRIC. Es lo que hay, todo cambia.

Muchas gracias por vuestra confianza y apoyo.

Rubén

Aquí están las nuevas direcciones:

https://rubric.es/producto/amante-en-saigon

o bien

libreria@rubric.es

lunes, 19 de agosto de 2019

QUE VUELVAN LAS POSTALES

Las postales llegaban entre el correo como una nota de color; a veces descoloridas o arrugadas o con la tinta corrida si habían sido escritas con pluma. Eran palabras amigas, una oportunidad de saludar a alguien que queremos cuando conseguimos una vez o dos al año escapar de ese rígido tirano que es la rutina. Vivir rutinizado es cómodo, es eficiente, incluso necesario, sobre todo cuando tenemos hijos, pero deja pocos espacios para lo que se sale del programa habitual. Ahí las postales ayudaban a enviar, a veces a cruzar, unas pocas palabras de recuerdo, simiente de un futuro encuentro para ponerse al día. Eran mensajes individuales, dirigidos a cada uno de los que deseábamos saludar. Tenían el rito de la carta: papel, bolígrafo, sello y buzón y, lo más importante, la espera.

En las paredes de los despachos, de los consultorios médicos, en las puertas de las neveras o por un tiempo encima de los pianos o junto a una lámpara de una mesa auxiliar o en la mesita de noche junto a la cama, ahí estaban esas postales, ventanitas abiertas al mundo, sorpresas exóticas junto a nuestra cotidianeidad, imágenes compartidas y celebradas o envidiadas por los compañeros de trabajo, que como el calendario de adviento, escondían bajo la foto un pequeño regalo: unas palabras de recuerdo, una frase cómplice, una cita erudita, una invitación a la aventura.

Hoy las hemos sustituido por imágenes de Instagram, inmediatas, sin palabras o casi, un solo envío multidestinatario, sólo para nuestros teléfonos a menos que las enviemos de nuevo a otros. En lugar de una imagen de papel que trata de sintetizar todo un viaje, enviamos diez, cincuenta vistas, algunas muy artísticas. Es el triunfo de farenheit 451. El Torquemada de la película de Kubrick se sentiría orgulloso de los tiempos que corren. ¿Palabras? Para qué. Una imagen vale más que mil palabras. ¿Lo vale? No estoy tan seguro.

Después de un veraneo italiano rodeado de chinos con su turismo depredador de horda y de “tick in the box”, de imágenes de Instagram, colas antes de apertura en las puertas de los restaurantes recomendados en las webs de los aficionados a guías turísticos, ofertas de “fast track” incluso para entrar en una iglesia (nada menos que San Pedro del Vaticano), me queda un regusto amargo de mundo perdido, acentuado por la lectura de Peregrinos de la Belleza, de Maria Belmonte, una selección de vidas auténticas de hace menos de cien años, testigos ya, entre guerras mundiales, de la progresiva vulgarización, es decir, accesibilidad al vulgo, que da lugar a convertir lo poético y lo sublime en productos de consumo de masas.

Rezo por un regreso a las postales, al disfrute de la belleza particular e íntimo, solo compartido con algunos pocos y a través de unas palabras personalizadas, con nombre, apellido y dirección postal. Rezo por algo que ya no existe.  


miércoles, 14 de agosto de 2019

MY SAIGON LOVER, SOON IN ENGLISH


“Arvo Part?” Said Kart at last.

Spiegel im Spiegel,” said Peter. “The mirror in the mirror. Let's see ourselves reflected for the last time.”

“Yes. I think I can grant you that wish. For the last time.”

They went down to the room where it was still the piano that Kartunen had brought, full of dust, the piano from which he never made plans to let it go, because he never imagined a date for him quitting the platform. He opened the cover with a solemn gesture, which resisted the detachment of its lower jaw. He sat down on the bench without removing the dust and passed the palm of his hand over the white keys, carefully, caressing them without producing any sound. He inserted his fingers between the black keys and let them reach the folds of his fingers, as when two lovers cross them and hold hands, and for a few seconds squeeze them tightly and hold their breaths and join their souls, for a few seconds, their souls, and they wish the second would be eternal, and they don´t feel the weight of their steps on earth and they are light, and they are ethereal and in that precise moment of consciousness of the last time, in the shared desperation with which one condemns himself to death to save the life of the one he loves, as the hero who gives his life for the life of others, or as the prisoner who looks into the eyes of each of the soldiers in the firing squad, each of his executioners as frightened as he is, at that moment Kartunen wept silently, his throat strangled by pain and sorrow, and he no longer felt strong nor was he sure he wanted to drown himself , that he wanted to die. But he said nothing and waited for Peter to settle in his place.

Peter sat into his usual seat, forgotten for many weeks, embraced the cello and waited for the piano to play the initial triad. The contact with the cello´s wooden body and its turpentine smell transported him to the icy stillness of Bergen's music room, to Elianne's kisses, to her crystalline laughter, her watery eyes, her fresh cheeks, the steam exhaled from her mouth, to her round, pale ass, tense and full. He began to tremble in the chair, excited or cold, perhaps afraid. He could not say. He closed his eyes and opened them when he heard the first chords and saw Kartunen crying on the piano.

The melody began with its slow and progressive cadence, like a meditated descent towards death. And the images of their lives, of their joys and their mistakes, flowed as their throats were gripped and their spirits rose lightly over their bodies. Memories began to create images that multiplied, linked and overlapped, and the gaps and shadows began to make sense, kaleidoscopic images, the mirror reflected in the mirror to infinity, and in the infinite, death doesn't make sense, it doesn't exist and there is no place for resentment or revenge; When everything is relative, it is time for forgiveness and forgetfulness, but not a therapeutic or forced forgetting, but the forgetting of Saint Francis of Assisi, when forgetting is forgiving, because there is no forgiveness without forgetting. And both cried with gratitude and emotion, like when after having fought for a toy, two children discover that it is much better to play together, better love than quarrel, love between the chosen brothers, as they had always been, a long time ago.




lunes, 12 de agosto de 2019

DUEÑO DEL SILENCIO


Por la mañana temprano, cuando me levanto, soy dueño del silencio. No me entristece, al contrario, me encanta. Pero lo disfruto cuando no estoy solo. El silencio es parte esencial de la buena música, y por lo tanto debe de tener cerca al sonido. Cuando todos duermen (mis hijas en posturas preciosas que harían las delicias de Balthus, el pintor de la inocencia perdida), mi mujer acurrucada contra un cojín (el sustituto adulto del muñeco de peluche), el silencio es un tesoro por lo frágil, lo transitorio; un placer efímero. En cambio, las raras veces en que estoy solo, el silencio es la voz de la soledad, un suspiro fúnebre que muchos hallan insoportable y combaten con el ruido de la lavadora, con música o con mascotas, o en casos extremos, como en el cuento de Truman Capote, inventan un invitado imaginario, un fantasma, aunque les dé miedo. Los que ni así lo soportan salen de casa, vagabundean por centros comerciales o por las calles; acuden a cursos o a bares donde la compañía y el sonido se alquilan.

Pero el silencio a ratos, a sorbos, es una experiencia deliciosa. Tuve una época de silencios cómplices junto a compañías no solicitadas, cuando visitaba museos y me cruzaba con seres anónimos que, en silencio, compartían emociones parecidas a las mías sobre las obras expuestas. Imagino que es uno de los atractivos de los templos, a donde la gente acude a disfrutar del silencio en compañía de otros, no tanto de las voces de falsos profetas.

La vida en oriente me ha enseñado que hay otro silencio, el de lo no dicho. Me refiero al secreto, lo que nunca te diré, (como decía en otro lugar, la vergüenza es la caja fuerte de nuestros miedos o traumas); o a la palabra postergada, no es el momento (los vietnamitas nunca abren los regalos delante de sus invitados, para no incomodar con la decepción o el agradecimiento excesivo); o a la ira callada: te castigo con un silencio ácido que puede durar días.

En cualquier caso, dicen que somos dueños de nuestros silencios, esclavos de nuestras palabras. A veces es mejor guardar silencio.

domingo, 11 de agosto de 2019

DUELOS MENORES. SEGUNDA PARTE



Hace ya tiempo, no recuerdo cuánto, escribí sobre los duelos menores. Si por definición el mayor duelo es el que sigue a la muerte de los que nos importan, el que nos recuerda que estamos solos ante nuestro destino, con nuestros aciertos y nuestros miedos, otros duelos, quizás menores, son los de la separación de los que queremos, de nuestro paisaje, o nuestras raíces, los duelos de pérdida de un estatus, el duelo por la conciencia del paso del tiempo a través de nuestros cuerpos, con la erosión de nuestra piel, de nuestra fuerza, de nuestras facultades.

Los afortunados, o los emocionalmente inteligentes o fuertes se sobreponen a los duelos mediante la comprensión, o dando a la pérdida un significado biológico, todo nace para desaparecer, nada existe para siempre.

Hoy he sido testimonio de algo que ya sabía, los duelos de los niños por la separación de los amigos, de los abuelos. Vivir en un país exótico, en una comunidad extranjera, te obliga a la experiencia de la separación a edades muy tempranas. Tus amigos escolares se van a otros países, tus ancestros viven lejos, los ves solo en vacaciones.

Los niños encierran sus traumas en cajas fuertes de vergüenza, o se refugian en símbolos, un regalo, una foto, un rito con el que que mantienen viva y próxima la experiencia agradable del amor o la complicidad de aquel amigo o aquel abuelo del que no pueden disfrutar a diario, o con frecuencia.
Los adultos tenemos más experiencia, más cicatrices, hemos pasado por ese camino y algunos hemos aprendido, o tal vez no. Y entonces nos refugiamos o huimos a través de la belleza, de la música, o del entumecimiento que proporciona el alcohol, las distracciones multimedia, los deportes.

Hay que ser sensibles a los duelos menores, que nos aguardan en cada recoveco del vivir, cuando algo a lo que estamos acostumbrados desaparece, como una calle arbolada que ha sido talada, o una panadería que ha cerrado, nuestra cafetería favorita, o cualquier otra cosa que por ser habitual creíamos, necios, que iba a durar para siempre.

No tengo soluciones, soy aficionado a los duelos largos, aunque gracias a vivir en Saigón donde los duelos menores son tan frecuentes, empiezo a ver en los vacíos que dejan, oportunidades para nuevas experiencias, nuevas relaciones, y ya a estas alturas, disfruto del hoy y no doy el mañana por garantizado.

jueves, 8 de agosto de 2019

MIL BESOS. ABRAZOS TODOS



Será la madurez, o la proximidad a seres adorables como mis hijas y mi mujer, pero lo cierto es que el sentimiento se repite: Tengo necesidad de dar más besos, miles de besos. Y abrazos, todos y más.
Querer a los que tienes cerca, a los tuyos.  A los demás... también… si te queda tiempo. 

En estos días de vacaciones el paradigma es la huida, la indulgencia o para algunos el reto; Un reto enlatado durante el año que espera desenlatarse en las vacaciones. Pero las vacaciones no son dulces para todos.

Leo la muerte de una joven. Siempre es una noticia triste pero más aún si es en su luna de miel. ¿Qué cara le queda al que se queda, cuántas veces se preguntará: y si...y si no...? A una pareja que se le ocurre viajar a Alaska e ignora la fuerza de la naturaleza, esa fuerza que Melville o Faulkner o Hemingway conocían bien. La belleza y sus peligros. Y esa pareja se inspira en una historia de Kerouak. Una historia que acaba con la muerte. ¿Cómo pudo inspirarles ese viaje? Un viaje que ha acabado con la muerte. 

La necesidad de huir de lo cotidiano nos hace enfrentarnos a situaciones para las que nadie nos preparó. Riesgos innecesarios, a veces fatales.

Desde Saigón y sus 10 millones desde los atascos y las aglomeraciones rezo por ellos ruego porque todos practiquemos más la aceptación, amemos lo próximo tanto como lo lejano. Abracemos la suerte que tenemos de seguí ahí, vendo crecer a nuestros hijos, a nuestros árboles. Placeres lentos, pero también emocionantes si se aprende a disfrutarlos, si cultivamos la sensibilidad hacia lo lento y silencioso, hacia lo cotidiano.

martes, 6 de agosto de 2019

HE VENDIDO UN LIBRO DE PAPEL EN SAIGON



Parece una frase sencilla, sin importancia, pero es que vender un libro, que sea en formato papel y en la ciudad de Saigón es una hazaña.
Los vietnamitas leen como promedio un libro al año. Un amigo que se reconoce a sí mismo como buen lector me dice que lee tres libros al año… no es muy alentador.
En las cafeterías no veo a gente leyendo, solo con los espejitos iluminados de sus teléfonos. En los autobuses, en los aeropuertos, en las salas de espera… nadie.
La gente mira, pero no lee, escribe e intercambia frases cortas, inmediatas, no meditadas en sus móviles, en todos esos canales impúdicos promiscuos e inseguros que son las redes sociales, los nuevos canales de comunicación como WhatsApp, Zalo, WeChat… que luego Facebook o Google o Cambridge analítica usan para influenciarnos con mensajes a la medida de nuestros miedos y nuestros deseos. Trump, Brexit, y qué nos esperará a la vuelta de la esquina…
Por eso, vender un libro es una proeza. Nos impresionan esas cifras de “más de un millón de libros vendidos”. En España se considera bestseller la venta superior a 5000 libros.  Yo considero arduo vender uno. Porque los libros, al principio hay que venderlos de uno en uno. O bien en presentaciones públicas. Ahí puede haber más suerte. ¿Y por qué van a comprarte un libro? No saben quién eres, ni si está bien escrito, o si la historia es original. Tampoco saben si encontrarán tiempo para leer. Porque para leer hay rutinizar la lectura en el espacio de nuestra vida. Y con frecuencia no le damos prioridad. Ahí voy a contaros mi secreto. Yo leo en el gimnasio. ¿En el gimnasio? ¿Cómo se hace eso? ¿Cómo se te ocurrió? Pues como diría el “profesor” de La casa de papel, serie de moda en estos momentos, la idea no fue mía, me la dio Stephen King. Se puede leer en la bicicleta estática, en la elíptica, o se puede escuchar un podcast o un audiolibro. Al final, lo que cuenta es escuchar historias.
Decía Robert McKee en su libro El guion que “las historias nos dan armas para la vida”. Del mismo modo que los hombres de las cavernas contaban sus cacerías a los niños para servirles e inspiración y guía, las historias de los demás entrenan nuestros sentimientos, ensanchan nuestra visión. Todos necesitamos historias.
Vender libros en Saigón no es sencillo. Hay un comité de censura, los precios son bajos, el esfuerzo promocional de las editoriales es nulo, la calidad de impresión es casi de fotocopia…
Por eso ayer me sentí orgulloso, cuando desperté el suficiente interés en un amigo como para que me pidiera un libro de papel. En mi viaje de primavera a España vendí un centenar de libros, tras mucho viaje y mucha charla por la geografía española. Gracias a todos los que confiasteis en mí.
A los que no pudisteis acudir a las presentaciones, los que aun no os habéis animado a comprar el libro AMANTE EN SAIGON de editorial MUNDOPALABRAS.ES, os pido que lo hagáis. Que lo leáis y me deis vuestra opinión a través de este blog, o a través de los canales de moda (WhatsApp, Instagram, Linkedin, Twiter, Facebook…)  
Dejo el link de la editorial:
https://www.mundopalabras.es/libreria/formato/papel/amante-en-saigon/
Muchas gracias
Rubén

domingo, 4 de agosto de 2019

AMANTE EN SAIGON TAMBIÉN ESTUVO EN CARBONERAS, ALMERÍA

Queridos lectores de AMANTE EN SAIGON.
Aquí os dejo la nota de prensa de la Gaceta de Almería. 
Gracias por vuestro apoyo.

http://lagacetadealmeria.es/el-escritor-ruben-martinez-presenta-en-carboneras-su-novela-amante-en-saigon/

COMIDAS DE AMANTE EN SAIGON

Si alguien me hubiera dicho que algún día comería sopa de flores lo habría enviado a paseo.
Pero claro, tampoco estaba en mis planes vivir en Vietnam, y ya llevo casi diez años.
Fin de semana en el campo, sábado al medio día con el ya habitual chao ga, o sopa de pollo con setas y cebollino, con pollo hervido y ensalada de flor de bananero rayada, que ayer fue suplementado con banh xeo, el equivalente vietnamita de la creppe, de cerdo gambas y brotes de soja. Un auténtico festín.
Para no bajar el ritmo, hoy domingo hemos pasado al lau hoa va cua y cua sao toi, o sopa de flores con cangrejo y cangrejos al ajillo, una maravilla de sabores intensos y profundos, el mar en los paladares, y las flores, una exquisitez de otro planeta, el planeta Vietnam.
El postre ha sido prueba de mi ya adaptación gastronómica al país que considero mi hogar. Unas frutas de temporada, el peludo rambután, fresco y dulce, con el pestilente y desafiante durian. Cuando una fruta se protege bajo una armadura puntiaguda ya te está advirtiendo de que solo es para guerreros e intrépidos. Y si por lo que fuera has podido abrirlo, todavía te desafía con un olor a podrido penetrante que ha sido prohibido en hoteles y aviones de casi toda Asia, ya no digo lo que ocurriría en Europa. Alguien llamaría a la policía pensando que hay un cadáver en el armario. Y sin embargo su sabor es una sorpresa, ácido, dulce, de textura mantecosa, como un queso francés ultramaduro, un placer para escogidos. El durian.







sábado, 3 de agosto de 2019

AMANTE EN SAIGON EN YOUTUBE

Queridos amigos lectores,

Dejo aquí los enlaces a varias de las presentaciones que efectué de la novela AMANTE EN SAIGON esta primavera 2019, desde el día del libro en Barcelona hasta el día 30 de abril en Viladecans, pasando por Madrid, Almería y Barcelona.
Ha sido una gran experiencia, a veces agotadora, pero de una gran intensidad humana.
Nada me da más placer que compartir no solo la historia que escriben con sus vidas los personajes de la novela sino todas las reflexiones que hay detrás sobre la vida y el vivir, los duelos, los celos, los miedos, las tentaciones, las vanidades, orgullos, los vicios y las virtudes y cómo cambiamos a lo largo de nuestra experiencia, de nuestros éxitos y nuestros errores.

Leed la novela, adentraos en Saigón y vivid de cerca el barullo y la sensualidad de esta ciudad magnífica llena de vida y aventuras.

Podéis encargar el libro a EDITORIAL MUNDOPALABRAS.ES

https://www.youtube.com/watch?v=rG8LJ14NYDM

https://www.youtube.com/watch?v=h4U0rN1UKdU

https://www.youtube.com/watch?v=WgmRQXJTZz4


Si todo va bien, el uno de Octubre 2019 estaré el Palma de Mallorca presentado el libro AMANTE EN SAIGON  en la librería LITERANTA.

Os iré informando.



martes, 16 de julio de 2019

AMANTE EN SAIGON. COMENTARIOS DEL AUTOR

Queridos lectores,

¿Cuánto tiempo lleva escribir un libro? ¿Cuánto tiempo tardas en pintar un cuadro? Por favor, ¿Pero qué importancia tiene? ¿Me van a pagar más? Si la obra es una basura, cuanto más tiempo le hayas dedicado, peor que peor. Si es maravillosa... ¿Pues qué? Antonio López García, el pintor de Tomelloso, de los limones y los membrillos, el de la Gran Vía de Madrid, el de la película El sol del membrillo, tardaba años en acabar sus cuadros, eso si es que en verdad estaban terminados... Picasso en cambio podía pintar varios en un solo día... ¿Dónde está la grandeza? ¿En el tiempo? ¿La paciencia? ¿La técnica? ¿En la idea? ¿La síntesis? ¿En el esfuerzo? 
            Reconozcamos que la grandeza está en la emoción que despierta la obra, aunque para Antonio López reside en la honestidad, en la verdad, o eso decía.

            AMANTE EN SAIGON es una novela que me ha llevado más de tres años de experiencias, de reflexiones, conversaciones, testimonios, confesiones, vivencias directas, experiencias referidas, años de dichos y desdichas, de afirmaciones vehementes y retractaciones humildes. La verdad, si es que la hay, si es accesible a los humanos, debe ser algo en continua redefinición, en perpetuo cambio o adecuación. Lo contrario es solo una definición oportuna, parcial, adecuada a la moda o el momento, humo, bruma, mentira. 

             La novela tiene referencias al Capitán Nemo de Julio Verne, al Otello, el moro de Venecia de Shakespeare, a Blade Runner de Ridley Scott, a La vida secreta de las palabras, de Isabel Coixet, habla de los Aspergers, del espectro autista, de la empatía, de la lealtad traicionada, del amor entre amigos y la soledad agria que deviene ante el abandono, cuando uno de ellos encuentra pareja y deja al otro así, solo ante su propia vida. Habla del pensamiento mágico de la juventud, de las fantasías que chocan contra la realidad, como en un Paseo por el amor y la Muerte, del crimen convertido en espectáculo de masas, como en Asesinos Natos. Habla de la tentación que sufren los matrimonios vacíos de pasión, llenos de rutina. La tentación que supone el encuentro con el trópico, con una sociedad de gente joven, donde conviven la moral más rancia con la más disoluta, y todos los valores oscilan entre lo que se quisiera y lo que conviene. La pobreza muerde los cimientos de la moral más recta como cien años de lluvia. No es casualidad que algunas de las historias más decadentes o tenebrosas se hayan ubicado en los trópicos, Herny Miller con sus Trópicos de Cáncer y Capricornio, Malcom Lowry y su Bajo el volcán, Conrad y su Viaje al corazón de las tinieblas.
         
           Si no habéis estado en Vietnam, debéis leer esta novela. Si habéis estado en Vietnam, debéis leerla todavía más. No pretendo haber creado una gran obra, no tan pronto. Tal vez siquiera nunca. Tampoco me atrevo a compararme con un autor como Lawrence Durrell, un escritor que parece olvidado ante el imperio de lo nuevo, pero nunca olvidaré el impacto que me produjo la lectura y la relectura diez años después de Justine, con su descripción de una Alejandría que ya no existe. 

        Mi novela habla de un Saigón que no es el de la guerra de Vietnam, tampoco es el que será dentro de veinte, o de diez años, como ya no es el que yo conocí en el 2006. Todo cambia tan rápido...

Comprad el libro en MUNDOPALABRAS.ES y dadme vuestra opinión. Yo mientras, sigo escribiendo.





WRITER´S OFFICE: LA DIFÍCIL TAREA DE PONER UN TÍTULO

Queridos amigos,

Hoy empieza esta sección del blog en la que compartiré algunas de las dificultades que sufro en el oficio de escribir. Espero que os sean útiles, al menos para no sentiros solos.

Cuánta gente escribe hoy. Cada vez tengo más amigos o conocidos que se aventuran a escribir un relato de ficción o de autoayuda, un cuaderno de poemas o un libro de viajes.
Aunque muchos escribimos para nosotros mismos, a la mayoría nos gusta compartir. Y ahí comienzan las dificultades. Acabada la narración, hay que ponerle nombre al hijo. ¿Cómo lo vas a llamar? O, ¿No habías dicho que se llamaba...? ¿Cuántos nombres le has puesto ya?
A veces empiezo un libro por su título. El primer título que se me ocurre. Entonces comienza el chaqueteo. Mi primer título se llamó Código azul, una historia sobre médicos en urgencias. pero el libro fue cambiando, y en su metamorfosis el título acabó siendo El misterio del hombre árbol.
Algunos lo leísteis, aunque ahora está fuera del mercado, de momento.
Estoy ultimando una novela sobre la crisis de los cincuenta años, cuando empiezas a ver la vida un poco hacia abajo, como una cuenta atrás, y sobre los genocidios silenciosos, los que ocurren por una desidia de los gobiernos hacia grupos de población inconveniente (minorías atrapadas en su propia singularidad o en su falta de habilidad para encajar socialmente) o genocidios por una crueldad pasiva pero calculada, como la negación al auxilio a los refugiados, o los condenados a morir de hambre y frío en la Ucrania postrevolucionaria, antes de la segunda guerra mundial. Y ahí voy ya por el cuarto o quinto título y sigo sin acabar convencido.
Buena suerte, escritores.

martes, 28 de mayo de 2019

AMANTE EN SAIGON. ENTREVISTA PARA EL RINCON DE LAS LETRAS

Queridos lectores,

Los ecos de la gira por España de AMANTE EN SAIGÓN de esta primavera llegan poco a poco, palabras perdidas en el viento, en la prisa. Pero todo vuelve, y aquí os dejo una entrevista con Sol Cerrato, para EL RINCÓN DE LAS LETRAS, entrevista que se emite y podéis escuchar como podcast en ONDA VERDE y que se emitirá en LIBERTAD FM.

Gracias por seguirme. Seguimos adelante.

Rubén

Si abris el enlace, avanzad hasta el minuto 37, que es cuando empieza la entrevista que me hicieron a mi.

http://ondaverderadiocomunitaria.blogspot.com/2019/05/el-rincon-de-las-letras-20-de-mayo.html

viernes, 10 de mayo de 2019

AMANTE EN SAIGON. ENTREVISTA EN ALQUIBLAWEB

Hola amigos,

Aquí dejo la entrevista sobre AMANTE EN SAIGÓN publicada en ALQUIBLAWEB, de Eva María Galán, una estupenda web de literatura y escritores noveles.

Muchas gracias por seguirme, por acompañarme, por leer AMANTE EN SAIGÓN  y recomendarlo.

https://www.alquiblaweb.com/2019/05/08/entrevista-a-ruben-martinez-castejon-escritor/

domingo, 5 de agosto de 2018

ÁRBOL DE SAIGON, LLORO POR TI



    Talaron todos los árboles de Ton Duc Tang. A la mayoría no os dirá nada esa calle a menos que os diga que era la calle donde Jane Marsh besó por primera vez a su amante de la china del norte en la película El amante, la versión de Jean-Jacques Annaud sobre la novela de Marguerite Duras. La avenida disponía de cuatro líneas de árboles centenarios que llovían sus hojas durante las tormentas, producían una penumbra agradable e imponían respeto con el tamaño y altura de sus troncos rugosos y oscuros. Al parecer, algunos ingenieros jóvenes vieron en esa avenida la solución al caos circulatorio de Saigón. Lo cierto es que cruzaban dos concurridas avenidas y las horas punta eran un desastre, pero más por la absoluta falta de respeto a las normas de circulación que por otra cosa. Junto a esa calle, los terrenos de una promoción inmobiliaria de la empresa constructora «oficial» se revolvían y edificaban, y al parecer no era bueno pensar en alternativas circulatorias que atacaran o limitaran el negocio de los poderosos.

    Los árboles no tienen voz, no tienen patas, no pueden huir ni protestar. Son testigos mudos de nuestra ignorancia, de nuestra codicia. Cuando sacrificaron a Jesús en la cruz, pidió a su padre que perdonara a su pueblo porque no sabía lo que hacía. ¿Hasta cuándo nos perdonará la naturaleza nuestra locura?

    Ahora Ton Duc Tang es como una pista de aterrizaje de aviones, una superficie abierta como una llaga, seca, castigada por el sol y las tormentas por nuestro pecado. Y si los ingenieros han cometido el crimen impune de la tala, los demás lo hemos celebrado con nuestra indiferencia.

    No, señores, a mí no me ha dejado indiferente.




lunes, 18 de junio de 2018

EL MISTERIO DEL HOMBRE ÁRBOL. CAPÍTULO 2


CAPÍTULO 2

El origen de un investigador universal

Nunca se conoce bastante
De ahí que también en lo conocido
Se halla lo desconocido y su llamada

El deseo de experimentar, de conocer,
Me hace con frecuencia llevar en mi obra una marcha
Discontinua; que a lo mejor se debe a que me interesa
Más la experimentación que la experiencia.
También prefiero el conocer al conocimiento.


Aromas y pensamientos, de Eduardo Chillida


Canaima, Venezuela, 1990

«Querido hijo, sé que nunca me perdonarás que te privara de una vida de lujo en París y os enterrara a vosotros y a vuestra madre en Ucrania. Pero debes saber que ese es tu origen, y lo único verdadero. Lo demás, todo lo que heredé de mi padre, fue una mentira, tal vez conveniente para él, pero una falsedad insostenible. Tu abuelo fue un genio, hijo. Un genio y también un asesino. Sus cuadros colgados en el Hermitage junto a los salones rojos de Matisse no pueden lavar la sangre que derramó para pintarlos. Ese erotismo sangriento no era otra cosa que una fotografía de la realidad. Sus cuadros arrancaron la vida a esas musas desgraciadas, desangradas, cuerpos que entregaron el alma a un monstruo, que las mezcló con blanco de zinc, o con amarillo Nápoles, o con rojo cadmio, o azul de Prusia, y las apresó bajo capas de óleo en las telas. Por ello conquistó la grandeza, porque pintó con la mano del diablo, porque sacrificó su inocencia y la paz espiritual de nuestra familia. Pero aunque escondió su apellido, la carga volvió a salir a la superficie. Y yo lo supe, Rasputín. Lo averigüé y me tuve que ir. Su apellido, y por tanto el nuestro, es Raskolnikov, que en su huida de Ucrania cambió por Bulgakov. Me dijo que tampoco era ese su linaje, que había nacido en España, que tenía otros hermanos famosos en el mundo de la pintura, pero no quiso nombrarlos. Ya sé que vuestra vida ha sido complicada, y también que lo será más tras haber denunciado a mi padre, a tu abuelo, ante las autoridades de Ucrania. Pero se lo debía a las víctimas. Tenía que hacerlo. Y al mismo tiempo, si os veis obligados a huir de Ucrania, será mi jugada de vuelta. Yo os metí a la fuerza en ese gélido país, y a la fuerza os sacaré. Con ello solo puede esperaros un destino mejor».
      Acabó de leer el mecanuscrito, arrugó el papel y se lo metió en el bolsillo. ¿Qué sabía de su pasado? Bien poco. Su padre siempre había sido un hombre reservado. Nació en París, y por un motivo oculto, dejó la ciudad de la luz para internarse en esa oscura región de Ucrania, en un país comunista, donde arrastró a su familia a una vida llena de limitaciones. A Rasputín le costó entender que su padre hiciera un movimiento inverso a toda lógica. La mayoría de sus amigos de la infancia se burlaban cuando les contaba lo poco que sabía de la historia familiar:
      –Tu padre está loco Rasputín. Sólo a un demente se le ocurriría cambiar la vida de París por la miseria de Kiev.
      Rasputín y su hermano Sasha, defendían a su padre, aunque fuera a puñetazos. Sin embargo, también él albergaba dudas. Su abuelo paterno era un misterio. Lo único que había podido conocer del famoso pintor Mijaíl Bulgakov era a través de los cuadros que colgaban de las paredes en los museos. Rasputín, sin demasiadas inquietudes artísticas en aquella época, se sorprendía de la evolución en la obra de su abuelo, desde unos principios eróticos violentos hasta unas etapas finales de abstracción casi espiritual. En uno de sus viajes de juventud, y que se convertirían en habituales al alcanzar su madurez profesional, visitó los templos eróticos de Madhya Pradesh, en la India central. Allí fue testigo de esa misma evolución, desde lo carnal, en las orgías de esculturas fornicantes de las bases de los templos de Kahuraho, hasta la representación de lo celestial en los dibujos geométricos de sus cúpulas de arenisca. Aprendió que en el mundo espiritual la expiación de un crimen debe ser protagonizada por el asesino y, por tanto, que los sacrificios de los inocentes son inútiles. De este modo, a pesar de la acción de su padre, la obligación de compensar el daño causado pasó a la generación siguiente, o sea a él.
      Rasputín inició su vida profesional como ingeniero en Kiev. Gracias a sus méritos recibió una invitación para investigar en Estados Unidos y decidió huir con la expectativa de una vida mejor. Sabía que si le descubrían lo desterrarían a Siberia, pero prefirió arriesgarse a sufrir una vida profesional estancada. Siempre le había movido el espíritu de hacer el bien a la humanidad. Una vez en América, sufrió las mismas trabas a sus investigaciones que en el otro lado del Atlántico: En la URSS porque no había dinero y en América porque no las vieron rentables. Por ello empezó a buscar alianzas en otros países más receptivos a sus proyectos. En Estados Unidos, cambió su nombre por el de John Valugow para evitar represalias, aunque desde la salida de la URSS tomó la costumbre de viajar bajo nombres falsos. Durante los periodos en que el trabajo se lo permitía, aprovechó para descubrir nuevos mundos. Su nueva vida, transcurrió en tantos escenarios que terminó por establecer vínculos afectivos en más de un lugar. De esos vínculos nacieron dos hijos de madres distintas. Francis Valugow, la mujer con quien llevaba una vida de apariencia plácida en Nueva Inglaterra, era ajena por completo a esa multiplicidad conyugal y a la intensa vida de su marido John Valugow.
      El sol salió y creó un arco iris en la región de Canaima. A orillas del río Carrao, junto al poblado de indios Pemón donde vivía, John Valugow divisó el muro del Auyantepuy. De la cima de esa meseta del tamaño de una isla caía el salto de agua más alto que conocía. Los tepuys, viejas montañas de superficie cortada por el tiempo asomaban en las llanuras y selvas de Canaima como lomos de dinosaurios dormidos. En la época de lluvias se ocultaban entre las nubes bajas y los accidentes de aviación eran frecuentes; los pilotos apenas usaban radares.
      Maiyapi se despertó y contempló la nube formada por la caída del agua desde mil metros de altura. Contó el ganado para cerciorarse de si alguna anaconda había cenado alguno de sus animales. No tendría más que hacer si no fuera por Manapé, su hombre. Maiyapi era una india Pemón de las selvas de la Guyana. Un día conoció a Manapé, a bordo de una canoa de expedición, cerca del salto del sapo. Manapé llegó hace bastantes años a Canaima. Al principio no hablaba ni español ni pemón, pero eso no le impidió relacionarse con Maiyapi. Manapé era el nombre indio que adoptaba John Valugow en sus escapadas a las selvas de Venezuela. Pasaba temporadas cortas con Maiyapi y desaparecía largos periodos de tiempo, pero siempre volvía. La indígena no tenía necesidad de una gran conversación. Perdió a su primer hombre tras enfermar de paludismo y sus hijos, ya crecidos, habían emigrado a centros urbanos como Puerto Ordaz. Ahora se contentaba con compañeros esporádicos. Esa compañía de silencio, ambos ocupados en las rutinas de cultivar, criar ganado, comer y dormir, parecía suficiente para los dos. Guardaban un pequeño cercado con animales en las sabanas de Kavac compartido con otros indios pemón; apenas les ataba nada.
      Manapé subía a los tepuyes, tomaba algunas fotos y escribía en sus cuadernos de campo. Su aspecto moreno indio y sus ropas sencillas contrastaban con sus ojos azules, los dedos largos y el resto de facciones que delataban su origen europeo. Su rostro bondadoso nada conservaba de las facciones lobunas de su abuelo. La sangre de un tatarabuelo polaco y una malagueña se habían mezclado en tres generaciones hasta diluirse por completo en los mares de la genética. En ocasiones, los turistas adivinaban a un europeo bajo el disfraz de indio e intentaban trabar conversación con él, pero apenas les hablaba. En la cima del Roraima, Manapé recogía plantas y las guardaba en tubos metálicos. Capturaba especies poco conocidas para analizar en su laboratorio de Boston. Le fascinaba el laberinto de rocas que sembraba la cumbre. En los secos meses de invierno era más agradable, pero aun así su altura de casi tres mil metros por encima del mar le confería unas características climáticas de alta montaña. Manapé trotaba entre las torres de roca negra esculpidas por dos mil millones de años con cuidado de no perderse o de caerse a los abismos de aquel glaciar de arenisca ocultos en las nieblas. Cuando salía el sol los cristales de cuarzo de la superficie brillaban por todas partes como gigantescos diamantes. Inspirado por el aspecto multiplicado de las formas cálcicas que el agua había esculpido en la cueva de los ojos, Manapé se interesó por el mundo de los fractales y en el porqué de esas formas geométricas, repetitivas y desiguales. Descubrió una analogía poética y un modelo matemático en la repetición de las formas desde lo microscópico hasta lo visible, en estructuras como el ojo de un insecto, la pluma de un ave, la división de los pétalos de una flor, la ramificación de un árbol, un pulmón o una neurona. Le sorprendían los paralelismos estéticos del cerebro con una coliflor, una nuez o la sección de una trufa silvestre. Todos aquellos fenómenos, constituían modelos de fractalidad. Repeticiones y similitudes. Quería descubrir una relación y, a ser posible, una aplicación en el campo que le ocupaba, la oncología experimental. Manapé había estudiado la piezoelectricidad, la intertransformación de la energía desde un fenómeno físico a uno químico, y de ahí a uno eléctrico, para engendrar de nuevo un movimiento físico, por ejemplo, al retirar una mano después de quemarse, o lo que ocurre al hablar a través de un micrófono. Contemplaba el fluir del río Kukenan desde la cima del tepuy Roraima mientras esperaba descubrir una vía de comunicación con las células, un camino de armonización de los ritmos celulares a través de un estímulo físico variable, como la música, un efecto como la flauta mágica del encantador de serpientes. Para ello, el DNA humano tenía que poder adoptar diferentes formas en el espacio en función de un estímulo dado, y ello debería seguirse de una codificación de proteínas que modificaran el comportamiento de las células cancerosas. Para ello el DNA tenía que comportarse como un cristal líquido y obedecer a las leyes de la piezoelectricidad.
    Precisaba alejarse del ambiente universitario limitado y dogmático para abrir su mente a los caminos no convencionales de la investigación oncológica e integrar sus conocimientos sobre la fauna y la flora, la física cuántica, los efectos del sonido y la influencia de los ritmos físicos sobre los biológicos e incluso, a la física hiperdimensional, donde las confluencias interplanetarias podían convertir ciertas experiencias electrolíticas en insólitos fenómenos energéticos. En esas raras ocasiones de confluencia interplanetaria, Manapé intuía que viajaba una gran cantidad de energía a través de dimensiones complementarias a las cuatro conocidas (espacio y tiempo). Deseaba poder curar el cáncer mediante la música de Bach, con las variaciones Goldberg, un modelo de creación fractal. Toda la experiencia y reflexión que Manapé adquiría en la selva venezolana la recogía en sus diarios y le servía de guía para sus experimentos en Boston, China o Ucrania.

      Unos años más tarde, en un congreso internacional de oncología en Chicago,

      En un auditorio repleto, cerca de la Northwestern University, John Valugow expone sus teorías y descubrimientos.
      –Y tal como les he comentado, la energía que viaja a través de los ultrasonidos ha sido muy útil hasta la fecha para diagnosticar enfermedades. Nadie niega el avance que ha supuesto la ecografía para la medicina. Ahora el HIFU, los ultrasonidos de alta intensidad focalizados, constituyen un gigantesco paso adelante, una nueva forma de vaporizar el cáncer. Si Marie Curie viviera, sin duda desearía experimentar el desarrollo de estos ultrasonidos cargados de energía para erradicar tumores y acabaría dejando la radioterapia y sus peligros como un descubrimiento del pasado. Lo que el piano representó al clavicémbalo, hoy el HIFU es para la radioterapia.
      En la sala hay decenas de asistentes. Algunos escuchan con curiosidad. Otros parecen crispados, o inquietos.
      –Creo que sus resultados merecen ser comprobados con calma, doctor Valugow. La oncología es materia muy seria y no algo que pueda someterse a técnicas de ciencia-ficción. Sus experiencias han sido efectuadas en países donde el rigor científico es más que discutible...
      –¿Cuestiona el rigor de mis experimentos? ¿Puede mostrar algún error en el método o en los resultados? ¿O simplemente no se los cree doctor...?
      –Sjarnovich. Joseph Sjarnovich. Comprenda doctor Valugow que hay una cierta espectacularidad en sus resultados algo difícil de creer desde la perspectiva más asentada hoy día. Claro que usted ya nos tiene acostumbrados a sus trabajos fantásticos, como los de los shitakes...
      –Le ruego doctor Sjarnovich que apoye sus críticas en hechos concretos. ¿A dónde quiere llegar? Mis colegas y yo pretendemos mover la frontera del conocimiento hacia delante. Y los datos presentados son más que satisfactorios.
      Presionado por Sjarnovich y el lobby que representa, el comité científico que había apoyado inicialmente los trabajos de Valugow, los suspende del cartel del congreso. De las cuatro comunicaciones científicas que debía efectuar John Valugow sólo puede exponer la primera.
      En la cafetería del congreso, Valugow encuentra a Sjarnovich junto a un pequeño grupo. Lo coge por el brazo y lo arranca de su coro con brusquedad:
     –Pero ¡qué hace! ¿Está usted loco? –le grita Sjarnovich dando calculada espectacularidad a la escena.
      Dos gorilas de cabeza rapada y hombros de armario con micro en la oreja se acercan y sujetan a Valugow por los brazos.
      –¡Ahora me doy cuenta de quién es usted, Sjarnovich, sabandija! ¡Usted y sus colegas me han boicoteado una vez más! Ya lo hicieron con los shitakes. Pero no podrá detener mis investigaciones. El mundo no acaba en Europa ni en América. China ha despertado y la India es un motor en potencia. Acabaré mis investigaciones y las publicaré en medios donde ni usted ni sus socios puedan frenar su difusión. Debería darle vergüenza. No es más que un lacayo de la industria farmacéutica.
      –¡Usted es un loco, Valugow! No sabe con quién está hablando. No me subestime. Si alguien quiere investigar algo, o cuando un laboratorio tiene que elegir dónde invertir sus fondos de I+D me lo preguntan a mí, ¿me oye?, a mí. En estos momentos, la oncología soy yo. Hoy ha acabado su carrera para siempre, Valugow. ¡Para siempre!
   Los dos matones le sueltan y John Valugow se aleja sofocado entre una muchedumbre que se ha acercado a la escena por curiosidad. Decide que es momento de desaparecer de su vida y su identidad americana. A lo lejos, disimulada en la reunión, una mujer delgada lo observa con lástima y preocupación.