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lunes, 8 de septiembre de 2014

¿CÓMO LE FUE SU AMANECER?






Hace pocos días ha ocurrido un cambio imprevisto en el trabajo. Un colega ha sido cesado. No es que sorprenda mucho, por cuanto el cargo que ocupaba era muy caliente. Podríamos decir incluso que era la crónica de una muerta anunciada, y sin embargo, cuando por fin sucede el hecho, sigue siendo igual de embarazoso. Pronto vuelan los comentarios negros, y aquellos que callaron durante meses ahora se acercan agoreros, y todos somos compadres ante lo malo, como si rebuscar en la basura nos hiciera más amigos, y el buen clima laboral, que era tan continuo como el calor en la ciudad, se ha enturbiado de nubes oscuras de crítica e incertidumbres. Las actitudes tóxicas emponzoñan rápido los ánimos en una empresa, y por ello es de agradecer y admirar a los compañeros que persisten en un optimismo práctico y alegre.

Recuerdo una secretaria con la que coincidí en un periodo oscuro de mi vida. Ella representó la luz en mi niebla No porque fuera bonita, que no lo era, sino por su actitud capaz de aguantar cualquier ofensa y transformarla en una respuesta mesurada, y en muchas ocasiones en clave de humor. Durante unos dos años estuvo saludándome con su “¿Cómo le fue su amanecer?” O recomendándome que me tomara “un café conversadito” y me dio muchas lecciones de espíritu positivo. La crítica y la rabia nos encierran en bucles o, peor aún, en espirales autodestructivos, porque la verdadera víctima de las malas tintas somos nosotros mismos, y, en algunas ocasiones, aquéllos a los que más queremos.

La actitud positiva no implica ser frívolo o cabeza hueca, antes al contrario, supone una mayor inteligencia, una superior capacidad para elaborar respuestas adaptativas. El mal humor es como el mal olor, una muestra de pobre higiene, en este caso, mental.


En los tiempos que corren, es fácil dejarse arrastrar por la moda, por el comportamiento de la mayoría, mezcla de pasividad y agresividad de escaso alcance, pero suficiente para agotar la jovialidad de los que nos rodean, la familia y amigos. Hemos de hacer un esfuerzo colectivo, los españoles, para superar las actitudes pasivo-agresivas en favor de una proactividad pragmática. Con la labor de cada uno podemos hacer un mundo mejor sin necesidad de fijarnos en la mediocridad de nuestros líderes, y tal vez, de ese modo, veamos un día el amanecer de un líder entre nosotros con unos valores mejores, sin resentimientos ni ajusticiamientos, con más deseos de sumar y multiplicar que de restar y dividir. 

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